El sistema marginalista




Con el 2021 llegando a su fin, podemos decir que ha sido un año marcado por una subida sin precedentes en el precio de la energía. La subida del gas ha arrastrado consigo el precio de la luz, que se encuentra en máximos históricos en estos meses fríos de mayor demanda energética. Ante esta situación, los más afectados buscan culpables, y no son pocos los que achacan la crisis energética a un defecto estructural: es decir, que señalan al modelo energético europeo (y que comparten todos los países de la OCDE) como principal responsable de esta escalada de precios.

Pero, ¿es esto realmente así? Para responder a esta pregunta es necesario entender el modelo energético. Por ello, en este artículo del blog explicaremos cómo funciona el sistema marginalista que fija los precios de la energía.

 

 

Un pulso entre generadores y comercializadoras

Para empezar, es importante saber qué agentes toman partido en este mercado. Por un lado, están los generadores de energía, que son quienes producen todo tipo de energía: eólica, hidráulica, geotérmica, nuclear o mediante combustibles fósiles. Estos generadores vuelcan la energía que han producido a las redes de transporte, propiedad de las distribuidoras, que la harán llegar hacia los consumidores finales.

Pero los consumidores finales no compran la energía a los generadores. Entre ambas partes tenemos a las compañías comercializadoras, que compran la energía a los generadores para luego cobrar a los consumidores finales en función de su uso.

La primera pregunta que nos asalta es la siguiente: ¿Si el gas está tan caro, por qué no comprar energía que provenga de otras fuentes más baratas, como las renovables o la nuclear? Eso sería lo más razonable y el paso a seguir en cualquier otro mercado. Pero no es así como funcionan los modelos marginalistas.

Dentro de este modelo, toda la energía se vende al mismo precio, independientemente de su origen. Para entender por qué no podemos acceder directamente a la energía con precios de producción más bajos, debemos saber como funciona la compraventa de energía entre generadores y comercializadoras.

 

El Pool

Cada día a las 12.00, los generadores venden su energía a las comercializadoras para cada hora del día siguiente. Se subasta la energía producida para cada tramo horario. Los generadores hacen sus ofertas de venta y las comercializadoras las suyas de compra, y todas estas ofertas se ordenan de menor a mayor y de mayor a menor, respectivamente.

No se trata de ofertas directas, de una comercializadora en concreto a un generador en concreto. Todas estas ofertas se registran y se arrojan a un “pool”, que es como se llama este conjunto de ofertas de compra y de venta.

En naranja observamos la función de los generadores. Sus ofertas se ordenan de más barata a más cara. En azul tenemos la función de las compañías comercializadoras, con sus ofertas de compra ordenadas al revés: de más cara a más barata.

Estos gráficos se superponen y nos queda un gráfico parecido a este. El punto donde se encuentran ambas líneas es el que se conoce como “punto de casación” y es determinante. A partir de este punto (desde el punto de casación hacia la derecha), los generadores no están dispuestos a aceptar ninguna oferta de las compañías comercializadoras. Por tanto, el punto de casación es la oferta más alta que las comercializadoras están dispuestas a pagar para cierto tramo horario (por qué, recordemos, este proceso se repite para cada hora del día).

 

 

La particularidad del sistema marginalista es que, establecido el punto de casación, todas las ofertas se venderán a las comercializadoras por ese precio. Es decir, el punto de casación marca el precio al que todos los generadores venderán su energía a todas las comercializadoras para cada franja horaria. Es por este motivo que, aunque la energía de un generador sea barata y se oferte a un precio muy bajo, a la hora de venderla dicho precio se adaptará al precio que marca el punto de casación. Esta es la razón por la cual el gas arrastra los precios de toda la energía, independientemente de sus costes de producción.

 

Un ejemplo práctico

 

Veámoslo con un ejemplo práctico. Este gráfico podría ser el “pool” de las 12.00 horas de mañana. A esa hora hay mucho sol y viento, por lo que la energía eólica (1) y solar (2) ofertada será muy barata. No así la energía proveniente del gas (3), que es, por ahora, mucho más cara. La oferta más cara por el gas marca el punto de casación y, automáticamente, la energía solar y eólica ofertada pasan a venderse al mismo precio.

 

 

Durante el 2020 nadie se quejó del sistema. El gas, cuyos costes son altamente variables, se mantuvo en unos precios bajos, por lo que el punto de casación siempre se alcanzaba a cotas razonables. Este año, sin embargo, el precio del gas se ha disparado por diversos motivos, demostrando que este sistema es muy vulnerable a las fluctuaciones en los costes variables de cualquier fuente energética.

Los combustibles fósiles tienen grandes costes variables, mientras que la energía renovable no. Este es, por tanto, un sistema que favorece a las segundas, a las fuentes de energía más competitivas. Por desgracia, seguimos siendo demasiado dependientes de los combustibles fósiles, ya que la energía generada de manera renovable no es capaz de cubrir toda la demanda.  Si hubiese suficiente energía a bajo coste, el punto de casación aparecería mucho más a la izquierda, eliminando las ofertas de gas que se han encarecido tanto.

Hay quienes aseguran que, con un sistema pay as bid podríamos ahorrar más, pero todos los países que han adoptado este sistema han acabado pagando más que aquellos que mantienen el sistema marginalista. Este vídeo explica muy bien las diferencias entre ambos.

Por ello, podemos decir que sí nos encontramos ante un problema estructural, pero no de modelo energético. El problema de esta subida reside en nuestra dependencia de los combustibles fósiles y concretamente del gas, aun necesario para poder cubrir toda la demanda energética.

 

Preguntes freqüents




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